Escribe Pablo Anzalone

Completado el ciclo electoral  se inicia una etapa donde las estrategias frente a  los problemas del  país y su gente, deben desplegarse con toda su riqueza y amplitud. La ciudadanía laudó sobre los grandes proyectos de país en las instancias electorales, pero  esa pugna continúa en todos los campos. Profundizar en los avances sociales, en las reformas estructurales, enlentecerlos, detenerlos, retroceder, son opciones posibles. El sentido y  alcance  de los cambios son la resultante de las estrategias de todos los actores, en contextos nuevos. La crisis del capitalismo que se inició en 2008 y las diferentes respuestas ante la misma, son elementos  de esos contextos a considerar.

En materia de salud se avanzó más en el diseño del SNIS y la creación  de instrumentos fundamentales como  el Fonasa, la RIEPS, la rectoría del MSP, el PIAS (Plan Integral de Atención a la Salud). Y menos en el cambio del modelo de atención, en la construcción de redes territoriales de salud, en la formulación de objetivos sanitarios que comprometieran a todos los actores.

Las lógicas del status quo, las inercias institucionales, el “hacer la plancha”,  o las  tentaciones neo fundacionales que dejen de lado los avances anteriores, no ayudan para esta tarea. Tampoco funcionan bien las concepciones que piensan las políticas públicas desde un escritorio o una sola institución, con sistemas de “ordeno y mando”.

En salud, como en todos los temas complejos, se requiere el incremento de la participación social y la forja de alianzas intersectoriales e interinstitucionales. Los tres niveles de gobierno y las distintas comunidades, es decir el entramado social en cada territorio, son actores relevantes. 

El programa aprobado por la ciudadanía  plantea ocho grandes ejes: 
a) la fijación de objetivos sanitarios y metas. 
b) Afirmar la rectoría del sistema de salud.
c) Más cambios del modelo de atención.
d) Participación social renovada y fortalecida.
e) Fortalecimiento de las redes integradas de servicios de salud. 
f) El liderazgo de ASSE y la Red Integrada de Efectores Públicos de Salud (RIEPS). 
g) Plan estratégico de personal de salud. h) Adecuación del financiamiento.
La “hoja de ruta” es una propuesta  de “hitos” donde se expresa  la estrategia y las tácticas para el período. Clarifica el rumbo para todos los actores y debe construirse con ellos.
El sistema de salud no es un objetivo en sí mismo sino uno de los medios para mejorar la salud de la gente. Por lo tanto la “hoja” debe incluir “hitos” de avance del sistema y también problemas prioritarios de salud. 

La salud de la infancia es una gran prioridad. Nacen pocos niños, menos de 50 mil por año. Son demasiado altas las cifras de pobreza infantil (33% de los niños menores de 3 años), de inseguridad alimentaria (41% ) , de malnutrición por déficit y por exceso, de anemia, así como el déficit en el desarrollo por falta de cuidados y estímulos adecuados. Inaceptables para una sociedad como la nuestra.   

Las enfermedades crónicas no transmisibles (cáncer, cardiovasculares, cerebrovasculares, diabetes, entre otras) son la principal causa de muerte y de enfermedad.  Podemos seguir invirtiendo enorme cantidad de recursos en más CTI, tomógrafos o resonadores, y perseguir la quimera de la última tecnología disponible en el mundo. O avanzar en una estrategia integral que actúe sobre los determinantes  y en particular  los hábitos alimentarios y nutricionales, la actividad física saludable, la cesación de tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol.  Pensando en todo el ciclo de vida, priorizando la adopción de hábitos  diferentes desde la niñez. El Compromiso por el Derecho a una Alimentación Adecuada y  la proliferación de juegos saludables y bicisendas  son hitos de avance que abren  una perspectiva interesante de cambio en los estilos de vida.

En este período importa  avanzar en dos omisiones históricas del sistema de salud, la salud mental y la salud bucal. Los fenómenos vinculados a la depresión y el suicidio, así como las problemáticas de la violencia y el maltrato, requieren  campañas y estrategias de abordaje donde la prevención, la detección oportuna y el tratamiento adecuado logren un cambio en calidad respecto a la situación actual. En materia de salud bucal  es necesario universalizar el acceso a la atención integral ampliando las prestaciones incluidas en el PIAS.

La prevención de enfermedades de transmisión sexual y el pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos,  así como la prevención de accidentes en el tránsito son también prioridades a desarrollar.

Para todos estos desafíos necesitamos  objetivos claros y una “hoja de ruta” que los contenga.