Escribe Pablo Anzalone
Columna de opinión publicada en el portal El Telescopio

Las políticas públicas en alimentación no avanzan sin la existencia de debates. Un ejemplo fueron las medidas para reducir el consumo de sodio y  en especial el retiro de los saleros de las mesas de restaurantes. Curiosamente un par de emisoras de radio norteamericanas nos volvieron a plantear estos dilemas consultando sobre la experiencia montevideana al respecto. 
¿Debe el Estado inmiscuirse en las decisiones privadas de los individuos? ¿La alimentación es parte de la esfera íntima de las personas y debe preservarse fuera de las políticas públicas?

Salvo concepciones liberales o neoliberales muy extremas, es difícil defender hoy que no haya regulaciones estatales en materia de alimentos tanto en los aspectos de inocuidad, de la  calidad y variedad de la alimentación como del derecho de los consumidores a saber sus componentes.

Lograr la seguridad alimentaria y nutricional de toda la población debe ser un gran objetivo de las políticas públicas. Defender la soberanía alimentaria implica políticas agropecuarias y alimentarias nacionales coherentes con objetivos de desarrollo humano sostenible.

 Es muy clara la influencia del mercado en este campo. En todo el mundo avanza el consumo de  “comida chatarra”, es decir, productos ya preparados con alto contenido en sodio, grasas y azúcares. Las decisiones de las personas y familias son fuertemente influenciadas por la publicidad de este tipo de productos, y enormes sumas de dinero estimulan ese consumo.
Recientemente en San José de Costa Rica, fue presentado el estudio “Promoción y publicidad de alimentos y bebidas no saludables dirigida a niños en América Latina y el Caribe”,  promovido por Unicef  junto con el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá. [1].

Este estudio reveló que la publicidad de alimentos y bebidas no saludables dirigidas a niños y adolescentes, condicionan el consumo de estos productos y son un factor que influye en la obesidad infantil y las enfermedades crónicas no transmisibles de la edad adulta.

El sobrepeso y la obesidad se han convertido en una pandemia en América Latina. La revista The Lancet[2]  informa que casi cuatro millones de niños en edad preescolar y  más de 16 millones de adolescentes en la región sufren de obesidad y sobrepeso. Uno de cada diez menores de 18 años.

En Uruguay las cifras de sobrepeso y obesidad en menores de 3 años (ENDIS) alcanzan al 10,5%, las más altas de A.Latina luego de Chile. En nuestro país  esta epidemia afectaba al 56 % de la población y subió al 64% en 2014. 

Estos trastornos no son propios de sectores pudientes, sino que impactan, también y cada vez más, a familias pobres. Se dan al mismo tiempo que la malnutrición por déficit, anemia, retraso de talla para la edad e inseguridad alimentaria.

La investigación de UNICEF, analizó las normativas de este tipo de publicidad en los 32 países de la región, y constató que sólo diez de ellos poseen regulaciones. Constató que 18 empresas de tres países (Argentina, Costa Rica y México) tienen 58 sitios web, 83 páginas de Facebook, 32 cuentas de Twitter y 29 canales de YouTube,  recurriendo  a  personajes, deportistas famosos, premios y regalos, para promover el consumo infantil.

“La reducción en el consumo de alimentos y bebidas no saludables es sumamente importante, por ello invitamos a los gobiernos para que refuercen sus legislaciones y desarrollen políticas públicas que controlen o eliminen la promoción y publicidad de este tipo de alimentos dirigida a niños, con el objetivo de reducir los niveles de obesidad, mejorar su calidad de vida y prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas en la adultez” sostuvo Luisa Brumana, Jefa Regional de Salud de UNICEF.

Una política pública de alimentación debería tomar este tema y traducirlo en la legislación. Así como establecer la posibilidad de  una tasa a este tipo de productos para financiar los planes de educación en materia de alimentación saludable. Además de contribuir al cambio hacia mejores hábitos, este tipo de medidas  estimularía las tendencias a la producción y comercialización de alimentos más saludables. La Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas presentó recientemente ante la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, una amplia documentación favorable a la regulación de la publicidad de alimentos.

La publicidad de alimentos no saludables conspira contra el derecho consagrado en la Convención sobre Derechos del Niño, a disfrutar de un buen estado de salud.


[1] Estudio exploratorio sobre la promoción y publicidad de alimentos y bebidas no saludables dirigidas a niños en América Latina y el Caribe, UNICEF, oficina Regional para América Latina e INCAP. 2015, pág. 5
[2] Rivera JA, de Cossio TG, Pedraza LS, Aburto TC, Sanchez [2] TG, Martorell R: Childhood and adolescent o lverweight and obesity in Latin America: a systematic review. The lancet Diabetes & endocrinology 2014, 2(4):321-332.