Antropología Nutrición

 

 

CONSUMO, LUEGO EXISTO

Por Daniel Bravo

Psicólogo Organizacional

Actual; Ministerio de Inclusión Económica y Social, Sociedad Ecuatoriana de Calidad y Productividad

Anterior; Secretaría Nacional de la Administración Pública, Banco Nacional de Fomento,  Consejo de la Judicadura


La historia de América Latina ha estado marcada por la poca capacidad de desarrollo endógeno, en gran medida debido a la imposición de modelos dominantes externos, que mediante la superioridad económica y tecnológica, han creado una dependencia obligada respecto a sus formas de organización y consumo. Estos parámetros obviamente carecen de relevancia para nosotros ya que están basadas en una realidad y cultura anglosajona que es marcadamente diferente a la latinoamericana, pues la tendencia “anglo” desde hace mucho tiempo ha sido privilegiar por sobre todas las cosas, los factores económicos, corporativos e imperiales.

Sin embargo, no sólo nos impusieron sus modelos económicos y organizativos, además recibimos las consecuencias fruto del neoliberalismo y la globalización. Teníamos que poner el hombro para aliviar un poco la carga que estas doctrinas conllevaban. Por eso se puede observar en Latinoamérica los más altos índices de desigualdad que bordea el 53%. Esa desigualdad, como una enfermedad, se ha transmitido de padres a hijos y de generación en generación; desde épocas de la colonia dónde predominaban las sociedades elitistas, con sistemas políticos anti democráticos y modelos económicos excluyentes. Vemos que el problema no ha sido interno sino externo.

Y como producto de esto, Latinoamérica tiene los más altos índices de desempleo estructural, pobreza, violencia y migración. Estos problemas críticos y evitables se han hecho parte de la sociedad y nos ha tocado aceptarlos como si fueran parte del paisaje. Pretenden hacernos caer en la resignación para no permitirnos cuestionar si otro modelo es posible. Es algo así como la alegoría de la caverna de Platón; sólo vemos lo que nos proyecta la realidad y estamos a merced de esta sin poder hacer nada.

El imperativo organizacional

Como dijo el revolucionario uruguayo José Gervasio Artigas: “caminemos con nuestros propios pies”.

La “tercera ola” ha revolucionado las formas de organización. El impacto de las redes sociales, la comunicación, organismos supranacionales, hacen que se requieran nuevos mecanismos de control. Estos desafíos enfrenta la sociedad moderna. Se trata de una sociedad en red, donde por una red social se puede tumbar un gobierno (como sucedió en la primavera árabe).

Las organizaciones ya no responden a estructuras ordenadas, ahora todo está en constante movimiento y adaptación. Las organizaciones se volcaron hacia afuera, pues es necesario poner mayor énfasis en lo que sucede en el mundo exterior para responder adecuadamente a las nuevas demandas.

Vivimos en constante movimiento, aunque a velocidades distintas.

La globalización ha hecho que la meca de las corporaciones sea alcanzar y superar las economías de escala, muchas veces sacrificando la calidad de los productos o servicios. Muchas empresas digitales poseen la tecnología para hacer productos más eficientes y duraderos, pero sencillamente no lo hacen porque no es rentable. No importa cuánto se gaste o desperdicie, pues si algún producto “pega” y se vuelve moda, todo el esfuerzo humano y económico desaprovechado habría valido la pena. Lastimosamente a esto se le llama “crecimiento económico”. Es así como más o menos funcionan los cárteles de la droga: envían varios cargamentos y si al menos uno logra evadir los controles y llega a su destino final, toda la perversidad de la industria habría valido la pena.

La industria actual está montada para producir atracciones y tentaciones, pero como el ser humano padece de la llamada “adaptación hedónica”, es necesario que existan muchos elementos constantes que distraigan la atención para pasar de un placer mundano a otro tan rápido como la publicidad lo decrete. Tal parece que el límite está al frente nuestro, y estuviéramos corriendo hacia él en una rueda para hámster. “Hasta los más ricos del mundo se quejan de las cosas de las que deben prescindir… Hasta los más privilegiados están obligados a padecer el ansia de adquirir… (Seabrook 1988:15,19)

El consumidor en una sociedad de consumo

Todo ser humano ha consumido, consume y consumirá. La situación es si algunos consumen (por no decir tragan) más que otros. Estas diferencias en las sociedades reflejan el apetito voraz que tiene el sistema capitalista, donde el ser humano es un factor más de producción al cual hay que darle lo mínimo para que pueda “funcionar o producir”, mientras que el factor dominante exige que su necesidad de consumo sea satisfecha de manera instantánea y abundante.

Esta cultura del consumo no es de aprendizaje sino principalmente de olvido. Se busca la satisfacción por sí misma buscando la intensidad y dejando a un lado la necesidad; y por más extraño que parezca, el conocimiento de esta necesidad es inversamente proporcional a la atracción que generaría. Las nuevas experiencias, por raras, banales o peligrosas que parezcan, resultan tentadoras y dignas de ser satisfechas.

El consumismo es una enfermedad y como tal debe ser analizada. No es menos perjudicial que la adicción al alcohol. Un comprador compulsivo va a desear comprar más cosas, así caiga en bancarrota. Un multimillonario deseará acumular más millones, así tenga que explotar a niños. Un ejecutivo tabacalero pretenderá posicionar su marca de cigarrillos en todos los lugares, así mueran millones de personas. El deseo de poseer y consumir es inextinguible porque “la matriz” así lo creó, caso contrario fracasaría y eso no sería rentable.

Es penoso reconocer que realmente no tenemos el libre albedrío. No es que nosotros escogemos los productos, estos nos escogen a nosotros. Los grupos dominantes “imponen” la moda y los demás debemos “estar” a la moda.

Pensemos en el ser humano de Aristóteles, como una tabla rasa: nacemos con la mente vacía, sin gustos específicos ni preferencias. Es lo que el mundo exterior nos proyecta, lo que forma nuestras necesidades y “pseudo necesidades”. Como que nos suben a una montaña rusa cuyo paseo empieza cuando adquirimos conciencia y no termina (o no nos dejan bajar) hasta que morimos y por supuesto somos obsoletos. Ahora, aquí surge otra dicotomía de nuestra realidad: para unos este paseo puede resultar emocionante y placentero, y para otros puede resultar triste y doloroso. Esto es la estratificación social que divide a los pueblos entre los que tienen y los que no. Pero no debemos olvidarnos de algo fundamental… es un solo parque de diversiones.

Twitter de Daniel Bravo

Publicado por Antropología Nutrición 22/12/014. 15:55 hs.


Entrevista a Rafael Cornes. Jornada del SUN5A Deporte-Nutrición

 

 

 

 

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