Las lágrimas caen sobre Montevideo

Otra vez una torrencial lluvia comenzó a caer sobre Montevideo. Bueno…lo que quedaba de Montevideo. En algunos edificios altos  algunas personas, uruguayos tozudos, se quedaron a vivir. Eran unos pocos dispersos en varios lugares del país hoy sepultados bajo las aguas. Casi nada quedaba del paisito. Sobresalían entre los bloques edilicios mustios sobrevivientes de cemento gris, una pequeña parte de la famosa torre de la tribuna olímpica. Una familia los domingos , fecha controlada religiosamente, iban hasta la torre y colgaban la bandera uruguaya, tan bonita con sus franjas y el sol amarillo brillante. En algunos lugares se cultivaban pequeñas huertas, se juntaba agua de lluvia, se criaban algunas gallinas, el resto eran latas de provisiones y pesca en el mar. Los peces tradicionales desaparecían, surgiendo otros que se comían sin contemplaciones. Se comunicaban, en la medida de lo posible, en forma precaria y casi inaudible. Un grupo del edificio que más alto sobresalía hacia el cielo, construido por un magnate que hace mucho tiempo fue presidente de USA,  Donal d TRUMP, quiso viajar a visitar a otros  y fue tragado por una tormenta huracanada.  Otro grupo cortó abruptamente su contacto, por algunas palabras balbuceadas se pudo descifrar que había peleas y actos de canibalismo. Las mujeres inagotables, inquebrantables en su fe, no cejaban en empujar a los grupos para que no  entrara el desánimo, los hombres altas y bajas, altas y bajas, los gurises miraban acusadoramente con sus ojos fijos. Una parejita hacía de vez en cuando el amor , entre computadoras abandonadas, pero se cuidaban mucho, no querían quedar embarazados. A escondidas, todos lloraban esporádicamente, cada vez más.

Las NACIONES UNIDAS en su programa de ayuda a refugiados finalmente , con el agua al cuello, logró ubicar a 2 o 3 millones de uruguayos en diferentes montañas de los ANDES, que Argentina, Chile y Bolivia,  solidariamente y a precio razonable, habían autorizado la radicación. Sólo en una montaña estaban instalados todos uruguayos, el gobierno, los principales referentes del país y las familias más representativas. En otras montañas se compartían lugares con paraguayos, brasileros, otras nacionalidades. Lentamente se fueron perdieron identidad, sentido de pertenencia, tradiciones,  las esperanzas de una buena vida. El gobierno se atrincheró en la única montaña que le tocó en suerte , tratando de mantener la unidad del glorioso pueblo oriental.

Todo comenzó lentamente, uno se podía sentir como la rana en la olla que se cuece lentamente. Algunos videos en Youtube coincidentemente indicaban entre otras graves consecuencias del cambio climático, como muchas ciudades famosas, iban a quedar inundadas inexorablemente. Una era Buenos Aires, decir eso es decir también Montevideo. Cargosos como moscas de tambo, grupos de ecologistas predicaban sobre el inevitable colapso en las redes sociales y accionaban en actividades  organizativas concretas intentando abrir conciencias. Pero casi todos los estamentos de la población uruguaya estaban  fuertes  en una enorme y total indiferencia.


En solidaridad y agradecimiento Ruben Sánchez Martínez SHANGRILÁ . Febrero 2017

ANTROPOLOGÍA NUTRICIÓN