Antropología Nutrición

Cuerpo y alma

Lemanjá Diosa del Mar y los alimentos, su esencia y presencia en ofrenda

 

 El cielo y la tierra,  mortales y dioses, sus penas y  peticiones, el alma y el cuerpo. Todo eso y un tan inmenso como infinito  universo de símbolos, significantes y significados, todos presentes allí en un escenario caótico a la observación ingenua,  pero claro en lo que connota  desde su mezcla de realismo religioso, teatralidad, alucinación y esa  enorme esperanza en el más allá donde habitan fantásticos seres no mortales provistos de poderes que de ser convocados y seducidos desde nuestras propias debilidades humanas, pondrán de seguro remedio y cura a todas las  angustias nacidas  de  nuestra medida humana.


Mundo  sagrado. Religioso o pagano. Que ni a unos ni otros importa demasiado. Todo lo que se respira es creer, tener fe y esperar la misericordia de quien se reconoce su bondad. Se construye desde la aglomeración y la multitud un especial escenario que  parece alejado de nuestra vida cotidiana y sin embargo, allí está, multicolor y cacofónico, espléndido y lujurioso a nuestros sentidos, que al choque con la experiencia quedan saturados y confundidos en esa algarabía    poblando y poseyendo en pasión las arenas  de las playas que mirando el mar  esperan las olas y a la Diosa posada magnífica en  sus espumas. Eso sucede   los 2 de febrero de cada año,  honrando  a Lemanjá,  divinidad pagana  llegada en préstamo desde Culturas geográficamente próximas,  tozuda y resuelta  a quedarse entre nosotros.


La comida y los alimentos enviados a  viajar en destino de honra , ofrenda y sacrificio a la Diosa del Mar. Una y otra vez los frutos comestibles de la tierra hecha cultivo  por la especie y su Cultura, retornando  al mundo de lo divino hecha ofrenda, para aplacar  siempre latentes iras en el agravio de no ser debidamente honrados , para amigarse ,  para aceptar y someterse a su omnipotencia  , para simplemente  pedir humanamente gracia a nuestros dolores , alivio a nuestros sufrimientos , para curarnos aún de lo incurable, para evadir los  inapelables   diagnósticos de la ciencia, para otros muchos , mitigar sin duda en la esperanza divina la angustia de la proximidad inminente de la muerte o en tiempos de falta de amor  y  mucho desencanto, encontrarlo, si perdido, recuperarlo, ponerse a salvo de todo  aquello que enferma el alma desde el desprecio, desde el desamor de quien se ama, desde las traiciones y deslealtades frecuentes y presentes  del mundo de las orillas del Reino de la Diosa que habita en el Mar.


Un enriquecido paisaje antropológico , al interior del  cual el mundo simbólico de los humanos conjuga las cosas de su alma con las de su cuerpo en una relación de creencias muy profunda y gratificante desde la esperanza. Y allí una vez más presentes, como un Don , los alimentos desparraman sus colores, sus sabores y olores en una paleta de sensaciones deslumbradoras esperando deseantes el favor de su Diosa amante. Un espléndido espacio mágico-simbólico se abre, se muestra y comparte ante nuestros ojos extrañados.


Licenciado Julio Viana

Antropólogo Social. Investigador.

Rubbermaid1970@gmail.com

Cel. 099504580

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


03/02/2018- Antropología Nutrición